DE RECUERDOS
Muchas cosas han pasado en mi vida. Tantas, que a veces me gustaría expresarlas de corrido, sin tapujos y con la fuerza e intensidad con que ocurrieron. Pero pasa que lo que recordamos, al parecer, no es lo que en verdad aconteció, sino una elaboración mental de lo que creemos (pensamos y sentimos) que fue.A veces tengo la impresión de que los recuerdos están como pasados de moda. Recordar da flojera y parecería que es pérdida de tiempo, dado que de lo que se trata es de vivir. Pero ¿vivir por vivir, y en grandes cantidades, provocará una suerte de indigestión existencial con difícil cura? Tener espacio-tiempo para ordenar los recuerdos, repasar lo vivido y sacar provecho de ello es una posible solución frente a la vorágine de sensaciones rápidas a la que los ritmos urbanos nos someten. Sin afán derrotista, ¿acaso no son los recuerdos los que nos otorgan la sensación de haber sido? Si bien hay tantas ofertas para existir, gozar, vibrar y ser rápidamente feliz, es posible vislumbrar que en nuestra época corremos el riesgo de no tener sana memoria… ¿alzheimer vivencial?
Recordar lo que se quiera recordar, y como se quiera recordar, es un camino a armarnos la vida como siempre la hemos querido vivir, sin que todo quede en momentos sueltos, en retazos perdidos o fichas sin sentido. ¿Por dónde empezar?



















