FORMULAS
Habiendo empezado mi seria búsqueda del compañero que será parte de mi vida, a partir de la certeza de que estoy listo para ello, me enfrento al resultado actual: cero.
No dudo de que aprender a vivir solo, a confraternizar con la inevitable soledad, es un ejercicio humano siempre pendiente que necesita sí o sí ser hecha. Y esta tarea está dada en base a una fórmula que debería funcionar sin más: a mayor bienestar intra personal (relación con uno mismo) mayor disponibilidad para acoger la imprevisibilidad ajena (relación con el otro, con los demás). Sin embargo, creo que algo me falla en los algoritmos cotidianos de la ecuación. Y me pregunto, ¿cuál es la clave para resolverla?, ¿o será que las matemáticas no son lo mío?
Objetivando lo más posible mi día a día, siento que vivo en una constante tensión entre la defensa rabiosa de mi espacio personal y la necesidad de tener (¿tener?) a alguien en ese espacio. Es así que esta situación me confronta a algo que a veces me cuesta admitir: ¿tendré miedo a estar solo? Y si es así, ¿habré reprobado la primera parte de la dichosa fórmula?
Creo que mi único recurso actual es pensar que no quiero "tener" algo porque carezca de ello. Creo que al final no se trata de compartir carencias, sino abundancias. Abundancia que se encuentra donde todos ya sabemos. Sí, ahí mismo. Y el complemento llegará, en su tiempo, en su momento. ¿Cuestión de fórmula o de fe?















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