sábado, diciembre 31, 2011

EN LA CONSECUCIÓN DE LOS DIAS

Fin de año. Tanto vivido, tanto aprendido.


Lo curioso, frente a esta situación, es que no solamente adquirimos una visión retroactiva muy parecida a una presentación de diapositivas mentales, sino que también se activa la inevitable expectativa hacia el año que entra, el año nuevo.

Añoranza versus posibilidad, esa tremenda disyuntiva característica del ser humano, adquiere una dimensión resaltada en los últimos días, horas y minutos del año que se va, y que insalvablemente será viejo. Lo hecho y lo por hacer se conjugan en un ritmo de propósitos y enmiendas que perfilan una nueva oportunidad de vida. Y siento que es eso: cada año nuevo es una nueva oportunidad para construir lo que quiero, lo que puedo, lo que sueño.

A la hora de mis recuentos personales mis diapositivas son muchas, llenas de gente, de momentos, lugares, sabores, colores e inclusive olores que me han marcado. Familia, que me sostiene; novios y amantes, que me enseñan; compañeros y colegas, que hacen mis días; pero sobre todo amigos, los regalos más grandes en mi vida. Sí, tengo mucho que agradecer. Y pedir. Sí, deseos.

Y lo haré, uniéndome a tantos otros deseos que, de alguna manera, confluyen en la esperanza de un año mejor, de una vida mejor.

Año Nuevo. Tanto por vivir, tanto por aprender.

martes, diciembre 27, 2011

LA INEVITABLE METAMORFOSIS DEL SER

Ningún cambio, por el mero hecho de serlo, es fácil.

Encuentro que la comodidad de la instalación, que conlleva la factura cotidiana de la rutina, es más llevadera que la sorpresiva inestabilidad de los cambios. Pero las transformaciones son necesarias, naturalmente necesarias. Puestos a mirar detenidamente la dinámica de la naturaleza viva, todo cambia. El plus de la humana racionalidad siempre induce a pensar si esos cambios son para bien o para mal. Bien o mal, ¿categorías necesarias para aceptar el cambio?

No piensa la oruga si es bueno o malo convertirse en mariposa, lo hace. No juzgan los árboles la conveniencia de cambiar de hojas, o las víboras de piel, o los perros de pelo. Con todo, siempre pondremos en tela de juicio el cambio, propio o ajeno. Y sin embargo es inevitable: nacemos para cambiar. La metamorfosis es ineludible.

Confieso que estoy cambiando, y mucho. ¿Bueno, malo? Siento que simplemente es una cuestión que se veía venir, y que por otro lado esta teniendo consecuencias vitales en mi momento actual. Por una suerte de beneficio, era necesario cambiar de piel, despojarme de mis seguridades y enfrentarme a mi propia metamorfosis personal con todo lo que ello implica: dolor, renuncia, elección, transformación. Nueva piel, nuevo ser.

Y de cara al sol, sólo queda una cosa por decidir: sufrirlo o disfrutarlo.