GC 1: EL SOL QUE ILUMINA...
Rod abrió la ventana que daba al Arc de Triomphe y exclamó: ¡bonjour París!Al relatarlo, el brillo y el éxtasis aun se mantenían en su rostro. Aunque el viaje fue de trabajo, el placer estuvo presente.
- Imagínense, viajar a Paris y estar sólo veinticuatro horas, es casi una locura.
- La locura es estar veinticuatro horas sin mí, dijo Joac abrazando a Rod ante los comentarios de alegría de los demás.
Rod ama la arquitectura y Joac la medicina. Ambos se conocieron gracias a una cita de orden sexual, sin embargo descubrieron que había mucho más que compartir: aventuras, viajes y sentimientos que aún los mantiene contentos en una relación estable.
Cuando la carta llegó, la leyeron juntos. Se alegraron juntos, y lloraron abrazados toda la noche. Entre palabras emotivas y silencios recurrentes, las caricias tiernas y urgentes suplían esa extraña sensación de saber que, por alguna razón, el reloj comenzó la cuenta regresiva. “Son dos años, amor, que es lo que dura la maestría”, dijo Rod como último recurso de consuelo para los dos. El sol iluminó el cuarto, ninguno había dormido.
- … y ¿cómo esta Joac?, preguntó Fer mientras comían en el Centro Histórico.
- Fer, ¡pero qué pregunta!, increpó Nath.
- Imagino que como yo, sin poder creer que el día está por llegar, respondió Rod fijando su mirada en el vacío. Entonces pudieron escuchar la ruidosa lluvia que caía en la ciudad.
Horas antes de partir, Rod no pudo evitar las lágrimas al despedirse del grupo que empezaba a ser parte de su vida, y que ahora estaría a un mar de distancia. Las promesas de recuerdo y las frases de ánimo no alivianaban el pesado aire de nostalgia que se respiraba. Abrazados, Joac y Rod, salieron dejando vacío el espacio en el sofá. El silencio gritaba en todos.
El avión decoló y Joac volvió a casa. El sol aun iluminaba el cuarto.














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