GC1: UNA CARICIA PARA EL FINAL
Félix siempre se supo diferente, y la única persona acogió esa percepción vital con él fue Nath, quien además de prestarle zapatos, le regalaba la magia de hacerle sentir un ser humano total y pleno.Habían compartido el mismo salón de clase, las preocupaciones por las tareas, los gustos por la ropa y por los chicos del colegio. Soñaban con ser más, mucho más de lo que podían ser. Y Félix era médico en su imaginación, pero también era más que los insultos que le venían de la gente que no entiende la diferencia y utiliza la violencia como escudo para su irracional miedo. Nath era su espacio secreto, donde no entraban sus padres, sus obligaciones de hijo varón, su arraigo a la vida de campo. Finalmente fue su apoyo cuando emprendieron la carrera, lejos del pueblo, lejos del recuerdo.
No fue fácil. Nath comenzó a estudiar diseño y a sobrellevar una relación afectiva problemática; y Félix, además de conocer la anatomía humana, se dedicó a explorar su libre albedrío.
- Por alguna razón pasó por tu vida Nath, le dijo Fer tomando su café.
- Para enseñarme a ser fuerte. A creer que, a pesar de todo, los sueños se pueden vivir… ¡pero no estuve ahí en el último instante!
- Estuviste, el amor no contempla distancias.
La noche de la trifulca Nath había decidido dejar su relación e irse a descansar a casa de sus padres. Entonces recibió la llamada: Félix estaba en coma. Minutos después, con el bolso en la mano lista para partir, Félix ya descansaba en paz en su cielo de vestidos, tacones, maquillaje y libertad. El efecto de la bala fue más rápido que el impulso del cariño y la necesidad de acompañarlo en el trance final.
Aún con la bulla y las conversas de alrededor, en el silencio de Nath y Fer se pudo percibir el paso de Félix, como un ángel. Ésa brisa movió el cabello Nath, como una caricia.














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