GC1: ALBEDRÍOS
- Pues sí, dijo Ale riendo, vaya fin de semana!.
Una semana después de aquella fiesta llena de sorpresas en Cuernavaca, Fer terminó con Migue por razones de gustos y preferencias insalvables que se venían arrastrando. Pero la historia con Ale se remonta hace un año atrás. Se habían contactado por alguna página de Internet, y conversado largas horas por Chat y teléfono. Nunca habían considerado conocerse en persona, hasta aquél fin de semana en que entre risas, música, caras nuevas y rencillas antiguas terminaron juntos, sin más razones que las que dictan las emociones, las calenturas y una certeza incierta de haber encontrado a la persona adecuada.
Dani, Alita, Rô y yo, miramos a Fer y nos reímos felicitándolo por los ocho meses que acaban de cumplir. Sabemos que están felices y que lo estarán hasta que la vida decida lo contrario. Todos, en lo profundo de nuestros corazones, sabemos que el amor, la alegría y la amistad son regalos gratuitos, que vienen y van sin pedir permiso. Tienen su propio albedrío.
Ale acaba de llegar. Su trabajo en un corporativo de Santa Fe lo tiene de cabeza, sobre todo por la jefa inhumana y demandante que tiene. Vive con su familia y su hermana es su adoración. En su haber cuentan muchas aventuras, algunas buenas y otras teñidas de un sinsabor que todos comprendemos: la no correspondencia total. De todas ha aprendido algo, y de casi todas tiene un buen recuerdo. Fer es lo más parecido a lo que él esperaba en este momento de su vida. Por eso están juntos. Y están bien.
- ¿Qué hay de nuevo?, pregunta Ale mientras se sienta al lado de Fer. Todos hacemos cara de nada. Pero de repente Rô se inquieta, y todos sabemos que sí hay algo nuevo.
- Bueno, dice Rô, empecé algo nuevo, con alguien no muy nuevo para ustedes. No podemos con la curiosidad, y él lo sabe. Empecé algo con Omasheíd… ¡y estoy feliz!
Ciertamente, el amor, la alegría y la felicidad tienen su propio albedrío.
Una semana después de aquella fiesta llena de sorpresas en Cuernavaca, Fer terminó con Migue por razones de gustos y preferencias insalvables que se venían arrastrando. Pero la historia con Ale se remonta hace un año atrás. Se habían contactado por alguna página de Internet, y conversado largas horas por Chat y teléfono. Nunca habían considerado conocerse en persona, hasta aquél fin de semana en que entre risas, música, caras nuevas y rencillas antiguas terminaron juntos, sin más razones que las que dictan las emociones, las calenturas y una certeza incierta de haber encontrado a la persona adecuada.
Dani, Alita, Rô y yo, miramos a Fer y nos reímos felicitándolo por los ocho meses que acaban de cumplir. Sabemos que están felices y que lo estarán hasta que la vida decida lo contrario. Todos, en lo profundo de nuestros corazones, sabemos que el amor, la alegría y la amistad son regalos gratuitos, que vienen y van sin pedir permiso. Tienen su propio albedrío.
Ale acaba de llegar. Su trabajo en un corporativo de Santa Fe lo tiene de cabeza, sobre todo por la jefa inhumana y demandante que tiene. Vive con su familia y su hermana es su adoración. En su haber cuentan muchas aventuras, algunas buenas y otras teñidas de un sinsabor que todos comprendemos: la no correspondencia total. De todas ha aprendido algo, y de casi todas tiene un buen recuerdo. Fer es lo más parecido a lo que él esperaba en este momento de su vida. Por eso están juntos. Y están bien.
- ¿Qué hay de nuevo?, pregunta Ale mientras se sienta al lado de Fer. Todos hacemos cara de nada. Pero de repente Rô se inquieta, y todos sabemos que sí hay algo nuevo.
- Bueno, dice Rô, empecé algo nuevo, con alguien no muy nuevo para ustedes. No podemos con la curiosidad, y él lo sabe. Empecé algo con Omasheíd… ¡y estoy feliz!
Ciertamente, el amor, la alegría y la felicidad tienen su propio albedrío.















0 se confesaron:
Publicar un comentario en la entrada