martes, septiembre 30, 2008

DUALIDADES

“Caras vemos, corazones no sabemos”. Pienso que encierra dentro de sí gran realidad. Sobre todo cuando la disparidad de ambas se hace evidente, y sale a flote esa especie de esquizofrenia cotidiana personal, que más que disimular, muestra sin más la verdad. ¿Cuánto tiempo puede vivir una persona siendo y aparentando cosas esencialmente diferentes?

En teoría, la integralidad del ser humano consiste en que, llegada la madurez, se puedan juntar los diversos mundos/personajes elaborados en la niñez y adolescencia para estructurarlos en eso que llamamos personalidad. Esto como resultado de un proceso de selección y depuración a gusto. Pero, ¿qué pasa cuando quedan resquicios de gustos, preferencias y curiosidades en rincones íntimos, abandonados por miedo, rondando y manifestándose descaradamente? Son como fantasmas familiares que, mientras no se les enrostre, inevitablemente nos entrampan. Y ¿acaso la trampa no revela también algo de verdad? ¿El error, algo de aprendizaje?

Tal vez sea necesario aprender de las trampas, caídas y errores. Las marcas que dejan muestran verdades que nos conectan con otros; y que pueden convertirse en fortaleza, empatía y placer de vivir. Ser blanco o negro por que así debe ser es deshumanizante, creo. Quizás al ser un poco grises seamos capaces de ser cabeza, cuerpo y corazón con más posibilidades y matices. Honestos, humanamente hablando… ¿será posible?