sábado, mayo 10, 2008

Sú participaba activamente de un grupo juvenil parroquial. Daba catequesis a niños de su barrio que, como ella, viven en condiciones de pobreza y de falta de oportunidades. Sin embargo, tenía, y aun tiene, muchas esperanzas en el cambio justo de las cosas.

Su familia es relativamente normal (¿qué familia es del todo normal?). Su padre era de profesión ladrón. Ella le decía que dejara de hacerlo, y que busque otro oficio, que no sea motivo de incertidumbre y vergüenza. Él siempre alegaba que era lo único que sabía hacer para mantenerlas. Sú callaba.

Hace dos años, los pobladores del lugar, pillaron a su padre in fraganti. Si no hubiera sido por la intervención de la policía, lo habrían linchado sin piedad. Después de varios días en la cárcel, de escuchar reproches y llantos y de sanar sus heridas, el padre de Sú ya estaba en lo mismo.

Hace unos días lo volvieron a pillar. Lo prendieron entre muchos, y cada quién le propició golpes, patadas, improperios y escupitajos. Como una sola persona, todos lo arrastraron a un poste de luz y lo amarraron allí, inmovilizándolo. De la multitud surgió un galón pequeño de gasolina, también un encendedor. Le rociaron con el líquido y le prendieron fuego. Y todos presenciaron el lento tránsito de la vida a la muerte del padre de Sú, quien también lo presenció, sin poder hacer absolutamente nada.

Ando pensando cómo responder a su mail. ¿Consolar? ¿Aconsejar? ¿Qué hace uno en esta situación? ¿Callar? Pero, ¿es válido? Honestamente, esta vez, no sé. ¿Alguien lo sabe?

viernes, mayo 02, 2008

SER Y ESTAR YA

En estos días pasados fui invitado a celebrar el cumpleaños de la hermana de Pepe, mi amigo, en una reunión familiar. Risas, comentarios, recuerdos, chistes, anécdotas, y moralejas. De todo un poco, y todo con sabor a familia. Me sentí, por un momento, parte de ese cuadro. Por un momento, en raíz, me sentí parte de algo. Y fui feliz.

Inevitablemente se volcaron en los rincones íntimos de mis entrañas la nostalgia de los retratos, los momentos, las risas, las caricias y la ternura de mi familia, de la cual soy parte total y constitutiva. Mi familia.

Por otro lado, al mirar el hecho con cierta distancia objetiva (pero con el calor afectivo aun vigente), percibo que justo cuando me hicieron parte de ellos, aun como invitado, fue el momento en que me sentí “estar ya” aquí, en México.

En un lugar nuevo y ajeno a uno, conocer las calles y lugares de referencia, orientarse, establecer nuevas amistades y relaciones interpersonales son signos de independencia y adaptación. Encontrar ternura, acogida y cariño en un grupo concreto, ¿es certeza de que se “está ya” afectivamente, también? ¿Tener personas de referencia afectiva, es además una manera de “ser ya”? ¿“Estamos y somos ya” en la medida en que sensiblemente nos hemos establecido?

Apertura, hospitalidad, gratuidad, amistad, pertenencia; son misteriosos regalos que no sabemos ni cómo ni cuándo se darán. Pero se dan, y me hacen sentir privilegiado. Me hacen ser y estar cada vez más. Y decir gracias (¡palabra necesaria!) no colma todo el agradecimiento que llevo dentro.

Dedicado a los Sánchez Zariñana.

viernes, abril 25, 2008

CUESTIÓN DE ¿FE?

Darme mensajes positivos. Ése fue mi propósito hace como unas tres semanas atrás. Ciertamente en un principio es alentador, pero poco a poco el estímulo pasa a ser un cierto positivismo voluntarista, que se convierte, finalmente, en frases aburridas archivadas en el cajón de la memoria-remota-olvidadiza.

Libros, discursos, frases, artículos, hábitos. Toda una gama de recursos para obtener esa autoconfianza básica que tenemos con respecto a la capacidad de hacer algo en particular. Confieso que estar lejos de mi hábitat (amigos, familia, trabajo, seguridades y economía), me lleva a este tipo de autoayudas, como recurso de fe en mí mismo, para seguir adelante con esta experiencia, y acabar lo empezado.

Fe en uno mismo, frase tan conocida (¡una más!). Ésta fe ¿reside en nosotros por defecto? Y si es así ¿cómo “activarla” en el momento preciso? ¿Depende, la fe en uno mismo, del trabajo-esfuerzo personal? Como capacidad humana, si lo es, ¿nos viene otorgada por naturaleza o es cosecha de nuestras vivencias y entornos previos?

Crecí con la idea de que la fe es un don. Pero compruebo que cuando se trata de uno mismo hay un elemento de trabajo personal indispensable. Y percibo que debe existir algún camino para ello. O muchos. ¿Cómo saberlo?

Mientras lo descubro, quizás en el camino, necesito entrar al pozo de mis posibilidades y beber de lo que tengo, con fe.

jueves, abril 17, 2008

ESPEJOS

La mirada, como símbolo, siempre ha sido una especie de metáfora a múltiples procesos en la historia personal, social e inclusive de la humanidad. Me quedé pensando, luego de una buena película y una excelente conversa sobre ella, en una de sus significaciones: la mirada del otro como espejo que me refleja.

He tenido la posibilidad de reflejarme en muchas miradas. En unas encontré lo que ahora soy, en otras lo que no he querido ser; y, en muy pocas, lo que potencialmente seré. Algunas miradas han sido espejos de reflejos claros, llanos y nítidos. Otras me han dado reflejos confusos, distorsionados y retorcidos… y en ambos he creído. Lo cierto es que no he dejado de recibir emisiones, como mensajes, queridos o no. Ahí estuvieron, están y estarán mientras otros estén conmigo y yo con ellos. ¿Hecho inevitable? Y sin embargo, ¿quiero evitarlas?

Los ojos, espejo del alma. Y la mirada ¿espejo para los demás? Será que, como dice Levinas, ¿es posible encontrar mi humanidad en los ojos que me miran? Y si así fuera, ¿cuán dispuestos estamos a aceptar lo que éstos nos reflejen? Es posible que muchas veces no queramos dejarnos mirar. O, lo que es más fácil, sólo dejarnos mirar por aquello que nos pueda deleitar (dado que nos devuelve el reflejo que deseamos). Pero ¿qué hacemos con lo otro?

Algunas veces me he puesto vendas en los ojos. Más que por miedo a ser reflejado, creo que por un real temor a reflejar lo que los otros no quieren ver de sí mismos. ¿Cobardía?

viernes, abril 11, 2008

¿ESPERAS ALGO MÁS?

En cuanto una relación humana detona, las expectativas, cual hormonas púberes, se desencadenan y empiezan a activar proyecciones ilusorias-individuales, que sólo tienen un canal: el de ida.

Por el lado interesado, el envío de señales, mensajes y signos (¡simbólicos y concretos!) es constante. Con igual constancia y más intensidad es la recepción subjetiva de lo que viene del objeto del deseo. Sin embargo, la interpretación cierta es la que se tiene de uno mismo. Y es aquí donde empieza el juego de los logros y frustraciones que se dan en el establecimiento de la relación, por parte de quien apuesta por ella (¿o se proyecta en ella?).

En este contexto, creo que he aprendido a mesurar mis expectativas y darme libertad para esperar lo que venga, gratuitamente, de la otra parte. Y me ha ido bien. Pero debo confesar que siempre hay como “ése alguien especial” de quien fatalmente espero “algo más”. Y es aquí donde empieza mi juego de logros y frustraciones.

¿Es posible liberarse de las expectativas? Sé que son parte de toda conexión de dos, sea esta la que sea… pero hablo de aquellas de las que sabemos que esperamos algo más. Entonces ¿las expectativas son la piedra del tropiezo o las que nos dan la libertad de ilusionarnos?

Hace pocos días caí en mi propia trampa: busqué donde no había nada que encontrar, después de haber desencadenado mi fuente de energía, con sus correspondientes expectativas. Resultado: rabia, introspección e intención. ¿Cómo me sentí? Listo para escribir este post.

sábado, marzo 15, 2008

DEPENDENCIAS

Hace tres días un virus entró en la “rojita” (mi laptop), y la dejó semimuerta. Cuando la vi sin vida ni posibilidades, y sin ningún recurso más que apagarla, sentí que la mitad (o más) de mi vida se habían apagado junto con ella. Aun con las ayudas del caso, todo fue en vano. Sólo podía esperar al día siguiente para llevarla con un buen técnico-médico que le saque el virus y la devuelva a la vida (¡y me devuelva la vida!).

Pasado el arrebato, me senté frente a la “rojita” con un cigarro en la mano, con la música apropiada, a la espera de una llamada en el celular y revisando mi presupuesto. Me estremecí pensado ¿¡cuánto dependo de este aparato para vivir!? Instintivamente miré a mi alrededor; comprobé cuántas cosas son necesarias (¿imprescindibles?) para sentirme a gusto y feliz (o al menos contento).

Computadoras, ipods, palms, memorias usb, celulares, relojes, cremas, accesorios, carteras, perfumes… un sin fin de cosas se nos han hecho indispensables para vivir, a gusto. Y ¿desde cuándo? Por otro lado ¿son realmente imperiosos? ¿O quizás hemos perdido la sutil-real diferencia entre lo necesario y lo imprescindible? ¿Hasta dónde somos capaces de saber lo que nos es necesario y lo que está dentro de una especie de síndrome de dependencia compulsiva?

No quiero atribuir la culpa a la consabida sociedad de consumo (de la cual también soy parte). Probablemente no exista un “culpable” externo en esta situación; a lo mejor sí detonadores que revelan lo que llevamos dentro, o lo que precisamente no llevamos.

Los tres días sin la “rojita” fueron como tres décadas. Cuando recibí la llamada para ir a recogerla fue como si volviera a la vida… y a conectarme con ella. Lo celebré con un gran vaso de coca-cola (zero), que siempre está en ésos momentos importantes. En fin…

lunes, marzo 03, 2008

DE CONOCIDOS A AMIGOS ¿EN QUÉ MOMENTO?

A lo largo de mi vida, he tenido la oportunidad de conocer gente buena, increíblemente sabia, profundamente amable, asombrosamente deslumbrante y fantásticamente original. Gente que me ha regalado algo de sí para ser lo que soy ahora. En la distancia reconozco los pedazos de cada uno en el entramado de mi vida, y su gran valor.

Extraño a estas personalidades: amigos y amigas, con todas las de la ley.

Cuando comentaba este sentir con mis tres nuevos conocidos (compañeros de curso, camaradas de recreos, socios de trabajos y responsabilidades), Guadalupe me preguntó honestamente: ¿y nosotros, David, Gabriela y yo, hacemos parte de ese conjunto? ¿Somos significativos para ti? O ¿sólo meras circunstancias en tu vida?

Otrora hubiera sido fácil decir que son ya mis amigos con toda la franqueza cínica que me caracteriza. Pero esta vez, no supe qué responder.

Mientras caminaba, solo y rumbo a casa, di vueltas sobre esta nueva reacción afectiva-sentimental en mí. ¿Cuándo se puede empezar a considerar a alguien amigo/amiga (condición cualitativa con respecto al “conocido/conocida”)? ¿Será cuestión de expectativas? Es decir, ¿de esperar algo de los otros que sea de aporte existencial? O por el contrario ¿será cuestión de dejarse sorprender y dejar tiempo al tiempo? Si es así ¿en qué momento el otro/otra pasa de ser mera circunstancia a sujeto significativo?

Concluí, dentro de todo, que sea quienes fueren, si no hacen daño, son bienvenidos/bienvenidas en mi vida (al menos en primera instancia). Confieso que últimamente lo inmediato se me hace un poco efímero, y el largo plazo muy aburrido. Y en cuestión de relaciones humanas y amistades pues… ¿dónde esta el justo equilibrio?