SÚ
Sú participaba activamente de un grupo juvenil parroquial. Daba catequesis a niños de su barrio que, como ella, viven en condiciones de pobreza y de falta de oportunidades. Sin embargo, tenía, y aun tiene, muchas esperanzas en el cambio justo de las cosas.Su familia es relativamente normal (¿qué familia es del todo normal?). Su padre era de profesión ladrón. Ella le decía que dejara de hacerlo, y que busque otro oficio, que no sea motivo de incertidumbre y vergüenza. Él siempre alegaba que era lo único que sabía hacer para mantenerlas. Sú callaba.
Hace dos años, los pobladores del lugar, pillaron a su padre in fraganti. Si no hubiera sido por la intervención de la policía, lo habrían linchado sin piedad. Después de varios días en la cárcel, de escuchar reproches y llantos y de sanar sus heridas, el padre de Sú ya estaba en lo mismo.
Hace unos días lo volvieron a pillar. Lo prendieron entre muchos, y cada quién le propició golpes, patadas, improperios y escupitajos. Como una sola persona, todos lo arrastraron a un poste de luz y lo amarraron allí, inmovilizándolo. De la multitud surgió un galón pequeño de gasolina, también un encendedor. Le rociaron con el líquido y le prendieron fuego. Y todos presenciaron el lento tránsito de la vida a la muerte del padre de Sú, quien también lo presenció, sin poder hacer absolutamente nada.
Ando pensando cómo responder a su mail. ¿Consolar? ¿Aconsejar? ¿Qué hace uno en esta situación? ¿Callar? Pero, ¿es válido? Honestamente, esta vez, no sé. ¿Alguien lo sabe?

















